MI PRINCIPE O MI VERDUGO
Llevo muchos días pensando en las mil frases que quiero decirte.
Hace dos meses pasó la última vez que intercambiamos una palabra.
Hace dos meses me llamaste para reprochar mi forma de buscar generar conciencia y hacer país.
Hace dos meses tomé la decisión y me separé de ti (de mi papá).
Antes de narrar los motivos, quiero contarte los anhelos de una niña.
La niña que nació de Patty Bonilla y Leo Sarmiento.
Venía con un propósito que ninguno de ustedes dos conocía, pero mientras ese propósito se hacía evidente, esta niña necesitaba tener una zona segura en la Tierra, y eran ustedes dos: tú como el príncipe azul de los cuentos de hadas que siempre iba a proteger a esta niña, y ella (mi mamá) como el hogar, el resguardo y el amor.
Ninguna de las dos cosas pasó, así que ahí el propósito empezó a mostrar algunas luces, y una de ellas era:
"Sé fuerte, lucha, no te rindas, brilla y protege a los tuyos."
Sin embargo, la niña seguía esperando que ese príncipe notara esos esfuerzos que ella hacía, y después de tu partida siempre quise ser evidente para ti; mostrar lo buena deportista que era, la líder que soy, lo inteligente que soy, etc.
Nunca lo notaste...
Siempre existía alguien para ti que era referente de ser mejor que yo, y no planeo entrar en debate y decir qué se dijo y qué no se dijo.
Solo sé que se dijo, y eso en mi cabeza quedó grabado (o sea, un dolor de infancia que aún arde).
Para ti esas marcas son irrelevantes, y le dijiste a Fer: "Los terapeutas solo sirven para robar la plata, no sirven para nada".
Lamento informarte que aquí empieza uno de tus errores.
(Aquí empiezan los motivos por los que decido separarme de ti).
La terapia es medicina para tu salud mental. Así como el omeprazol que eternamente te has tomado para una dolencia del cuerpo, algunos acudimos a un medicamento para las dolencias de la mente.
Tus hijas, que dices o decías (no lo sé) tanto amar, tenemos serios problemas de salud mental. Por eso algunas veces acudimos a terapia, en la medida de nuestras posibilidades, para sanar. La mente también necesita ser sanada.
¿Cómo mides ese amor? ¿Para ti qué es tanto amor?...
¿De qué tamaño es tu amor? ¿Cuánto vale para ti si tuvieran que comprarlo?
"Por Héctor Lavoe".
No la respondas para mí, solo para ti mismo.
Porque si para ti tanto amor es proveer lo básico, que fue salud y educación, pues eso es parte de tu deber de PADRE.
Hablemos de lo que significa ser PADRE:
Biológicamente: proviene del latín pater y se refiere principalmente al progenitor masculino de una persona o animal.
Familiar y crianza: un padre es el varón que ejerce el rol de cuidador, protector y guía emocional en la vida de un hijo o hija.
No te encasillo; solo te dejo leer lo que en las letras está, y solo logro ubicarte en uno de los dos.
Mi texto no tiene la finalidad de condenar.
Mis palabras, que efectivamente nacen desde la herida, solo quieren extender hacia ti mi sentir: el de una hija que lleva 44 años buscando la aprobación de un papá que la ve inferior a sus homónimas, inferior a los logros que los demás alcanzan de la misma forma en la que yo lo hago, y tal vez con mayor esfuerzo.
Puedes tener en tus pensamientos diferentes variables. He notado que, con el pasar de mi vida a tu lado, tienes una realidad muy distinta a la de los demás; acomodada o recordada de diferentes formas, eso no lo sé. No sé si tan solo quieres silenciar algo que en ti resuena, esa justicia, ese papá que ocultas, no lo sé.
Solo sé, Leo, que aún estás a tiempo de cambiar.
Puedes hacerlo.
Así como las ideologías políticas que hoy todos profesamos y defendemos, y así como nos duele nuestra patria, por la que incansablemente, hasta la muerte, buscaremos que sea un país justo y que cambie, si eso es lo que como ciudadanos buscamos, hoy, como tu hija mayor, te regalo en este Día del Padre una palabra:
CAMBIO.
REINVENTARSE.
Pensar que sí puedes ser el papá que necesitamos, el príncipe azul que esperamos al nacer.
Tu forma nos hizo muy duras.
Somos un trío de seres que sabe defenderse, que sabe cómo sacar la fuerza interior que desde niñas nos tocó desarrollar para protegernos, porque ese príncipe no estuvo jamás.
No te condeno, Leo.
Eres papá y no sabías cómo hacerlo.
Podría ser yo tu prueba piloto. Podría ser yo tu conejillo de indias. Conmigo sí se valía el error. Soy la primera; conmigo tenías que aprender.
¿Y con las otras dos qué pasó?...
CAMBIA por la vida que el gran universo tiene para ti.
Nunca es tarde para empezar.
Tan solo haz un alto en el camino. Toma nota de todo lo que siempre te he dicho que duele de tu parte. Léelo una, dos y hasta tres veces.
Léelo...
Y toma acciones.
En tus manos, y solo en las tuyas, está que aún exista una esperanza de cambio.
Y por qué no, tal vez, y solo tal vez, Diana sane y no se refugie más en el alcohol ni agreda más a los seres que la aman.
Tal vez, y solo tal vez, Fer logre identificarse y no ande por el mundo buscando razones para hacerlo, sino que note su grandeza sin necesidad de una etiqueta.
Y tal vez, y solo tal vez, yo pueda sentir que para ti soy motivo de un gran orgullo.
Porque nadie sabe cómo lucho a diario para brillar más fuerte que el sol, a ver si notas algo bueno en mí.
Son 44 años.
Aún lo busco y no lo logro.
Este es mi regalo.
Esta es mi razón.
No peleo; esa energía se apagó. Ahí ya no hay fuerza...
Solo me alejo y guardo silencio.
Si quieres aceptar este regalo, que nace desde mi energía de nacimiento, te lo entrego.
Nos dueles, papá.
Feliz Día del Padre, Leo.
Att:
Claudia
(La invisible para ti)
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